Competencias del clave y el clavicordio

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julio 29, 2007 por Damián Taubaso

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Nota aparecida en el diario La Nación de Buenos Aires de hoy, por Pablo Kohan

Vertical o de cola, un piano es un piano. Pero, ¿qué pasa con el clave, el clavecín, el clavicordio o la espineta? ¿Y con términos como harpsichord y cémbalo? La pregunta que cabe formularse es si todos esos fonemas se aplican a un mismo instrumento. Y si así no fuere, cuáles son las diferencias entre ellos. Para comenzar, todos estos instrumentos son de teclado y sus sonidos se producen por la vibración de cuerdas tensadas dentro de diferente tipo de cajas. También debe ser señalado que todos ellos son anteriores a la aparición del piano, la invención de Bartolomeo Cristofori (1655-1731) que tuvo lugar hacia 1709. De las muchas distinciones que se pueden hacer entre todos aquellos instrumentos, hay una que es esencial y tiene que ver con el modo en el cual es puesta la cuerda en vibración. En el clavicordio, la tecla es una mera palanca. Al presionarla, en el otro extremo, una pequeña placa de metal, golpea una cuerda. Como la placa queda adosada a la cuerda, mientras la tecla continúa oprimida, el sonido es de una brevedad inexorable. Con todo, este dispositivo de percusión de la cuerda permite obtener sonidos más fuertes o más suaves según la intensidad o la energía con la cual se oprime la tecla.

En el clave, por el contrario, el sonido se genera cuando la cuerda es pulsada por una púa, generalmente, una pluma de ganso la cual estaba colocada en el extremo interno de la tecla. Este mecanismo impide que se logren diferentes volúmenes. Según las geografías, a lo largo del siglo XVII y XVIII estos instrumentos de teclado de cuerdas pellizcadas, fueron denominados clave, clavecín, harpsichord o cémbalo, todos ellos sinónimos de sinonimia absoluta. La espineta y el virginal son variantes del clave con cajas acústicas con otros formatos y en cuyo interior las cuerdas están, respectivamente, en disposición diagonal o perpendicular al teclado. Por supuesto, desde un compacto es imposible percibir si lo que se oye es un clave, una espineta o un virginal porque, micrófonos y laboratorios de sonido de por medio, todos ellos suenan exactamente igual ya que, en cualquier caso, sus cuerdas son accionadas por púas.

En definitiva, los nombres son muchos, pero las variantes posibles son dos: el clavicordio, de cuerdas percutidas, y el clave, de cuerdas pellizcadas. El clave, más sonoro, fue desplazando al clavicordio desde mediados del siglo XVII hasta relegarlo a un lugar secundario. Pero éste, con sus cuerdas golpeadas, es el verdadero antecedente del piano. Por último, el piano con sus potencialidades, desplazó a los dos. Pero en el siglo XX, resurgió el clave, convocado por los historicistas para que no fuera el piano quien tocara aquella música escrita para el clave. Y además, porque algunos compositores tan disímiles como Falla, Poulenc, Martinu, Françaix y Schnittke decidieron que su sonido etéreo, inconfundible y un tanto mecánico, podía ser merecedor de una nueva literatura.

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